El desarrollo personal conlleva, en primer lugar, una dimensión que con frecuencia descuidamos y paradójicamente lo hacemos, debido a que implica invertir tiempo en uno mismo. Se trata de nutrirnos emocionalmente, comprender cómo pensamos y decidimos, cómo funciona nuestro cerebro, así como mejorar nuestras habilidades y potenciar competencias que desconocíamos previamente.
Conocer tu potencial humano.
A lo largo de este viaje, de este proceso activo en el cual nos enfocamos en atender y potenciar nuestro propio ser, estamos realmente aspirando a alcanzar el más elevado nivel de nuestro desarrollo personal. De acuerdo a las enseñanzas de Abraham Maslow en su conocida pirámide de las necesidades humanas, la cúspide más alta se encuentra cuando invertimos tiempo y esfuerzo en nuestro autodesarrollo. Esto implica experimentar la individualidad, disfrutar de experiencias más excepcionales y lograr la realización de nuestros propios sueños.
Mejorar la relación con los demás (y contigo mismo).
En los proyectos educativos de los centros de enseñanza, no se incluye siempre la Inteligencia Emocional. No siempre se nos enseña cómo resolver problemas, cómo comunicarnos con asertividad, cómo enfrentar las frustraciones, lidiar con las tristezas o superar los miedos para descubrir nuestras fortalezas…
Estas dimensiones no están diseñadas exclusivamente para ayudarnos a tener éxito en nuestro ámbito laboral, ya que el desarrollo personal no solo busca mejorar nuestro desempeño en el trabajo. Esta área de la psicología busca que nos conozcamos mejor para alcanzar la realización personal, la seguridad y la satisfacción con quienes somos.
Solo quien se siente bien consigo mismo se relaciona mejor. Solo quien tiene una visión adecuada y óptima de lo que es, es capaz, a su ver, de ofrecer al mundo lo mejor de sí mismo. Por ello, el desarrollo personal no se nutre solo de la psicología humanista. Enfoques como la psicología positiva de Martin Seligman da forma también a sus bases.
El desarrollo personal es una filosofía de vida para alcanzar la felicidad.
Debemos tener en cuenta que al comenzar a invertir en nuestro propio desarrollo personal, nos embarcamos en un viaje incesante. Esta disciplina nos exige dar lo mejor de nosotros cada día, ofrecer nuestros talentos, compartir nuestras habilidades y conocimientos con otros para aprender juntos.
Además, nos hace conscientes de la necesidad de seguir avanzando, ya que aquellos que se estancan corren el riesgo de acumular impurezas y perder su frescura, al igual que el agua estancada en un charco.
Vivir implica fluir, superar dificultades, sortear obstáculos y nunca detenerse. El movimiento es sinónimo de vida y felicidad.
¿Cómo podemos rechazar la oportunidad de emprender este viaje? Manifestar nuestra autenticidad, libertad, entusiasmo y poder al mundo, y extraer la mejor versión de nosotros mismos, es algo que podemos iniciar sin demora. El desarrollo personal es una filosofía que nos impulsa a ser mejores, más generosos, más honestos y resolutos en nuestra vida diaria.
Demos el paso ahora mismo, descubre lo apasionante que puede resultar cruzar esta puerta, revisa la oferta formativa de la Escuela de Codesarrollo.





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