En el marco del próximo inicio de la segunda edición de nuestro programa Minimalismo Emocional, hablaremos sobre algunas curiosidades asociadas a las personas emocionalmente inteligentes y por qué es tan importante que a lo largo de nuestra vida, tanto personal como laboral, la desarrollemos.
Sin lugar a dudas, en algún episodio de nuestra vida nos hemos visto superados o nos hemos sentido incapaces de afrontar, con inteligencia emocional, algún problema.
Entendemos la inteligencia emocional como la capacidad para entender y controlar nuestros estados de ánimo, tener una amplia capacidad de auto-aceptación, y conseguir un estado de equilibrio que se sostiene por un conocimiento constructivo de nuestras debilidades frente a nuestras fortalezas.
Se diferencia de la inteligencia racional, ya que esta es la capacidad de asimilar la información, de entenderla y de usar las conclusiones obtenidas para resolver problemas. Ambas son importantes tanto en lo social como en lo laboral, puesto que son totalmente complementarias. Es por ello que en la vida, así como en el trabajo, utilizamos la lógica y los sentimientos para afrontar dificultades y resolver problemas.
Las personas emocionalmente inteligentes se caracterizan por demostrar las siguientes cualidades:
Empatía elevada:
Las personas con una alta inteligencia emocional son más propensas a comprender y analizar los sentimientos de los demás, aportando soluciones más prácticas y racionales que quizás la otra persona no es capaz de obtener por sí sola. Si somos empáticos podremos escuchar a los demás de manera objetiva, con niveles altos de comprensión.
Para reforzar la empatía podemos trabajar otras cualidades como el altruismo, el ser comprensivo y la flexibilidad.
Saben identificar sus sentimientos:
Una cualidad de las personas emocionalmente inteligentes es que saben poner nombre a sus emociones, algo que además es bueno para la salud. ¿Por qué? Tener la sensación de que algo nos ocurre, pero no conseguir saber qué es, mantiene al cerebro en un estado de incertidumbre e impide descansar al resto del cuerpo, y este estado puede ser consciente como inconscientemente.
Identificar correctamente tus emociones y expresarlas, hará que tu cerebro descanse.
Son más optimistas:
Ser más optimista no significa que se es feliz siempre, las personas emocionalmente inteligentes son más capaces de racionalizar el tiempo que dedican a las emociones negativas y analizarlas hasta el punto de convertirlas a positivas.
Con la mente más predispuesta a la felicidad, el cerebro funciona a una velocidad distinta a otro más pesimista. Es como una bicicleta: irá más rápido y con mayor eficiencia si no encuentra piedras o palos por el camino, en cambio, si se encuentra con obstáculos, su conducción no fluirá correctamente.
Hoy por hoy la inteligencia emocional está siendo un factor importante en los procesos de selección de personal por parte de los departamentos de Recursos Humanos, debido a que una persona emocionalmente inteligente es una persona resolutiva, con predisposición a trabajar en equipo y más aptas para crecer personal y laboralmente por medio de la formación y el interés.





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