De todas las habilidades de comunicación que conocemos, escuchar es una de las más difíciles, ya por lo general la confunden con oír (sonidos). Sin embargo, escuchar (como debe ser) requiere de un ejercicio de atención, de respeto por lo que tiene que decir la otra persona, de paciencia y, fundamentalmente de comprensión, es decir, tratar de entender lo que nos trata de comunicar la otra persona.
Puede parecer fácil, pero en realidad no lo es; escuchar requiere de un esfuerzo consciente y si, además, tu actividad profesional requiere el trato directo y la comunicación con otras personas o equipos, esta habilidad se vuelve imprescindible. Muchos estudios realizados muestran que la satisfacción laboral de un empleado está directamente relacionada con la forma en la que la gerencia lo escucha. Y, aunque pienses que eres un buen oyente, estudios recientes indican que la mayoría de nosotros usamos solo el 25% de nuestro potencial de audición.
En pro de mejorar nuestras habilidades para escuchar de forma activa y asertiva, revisaremos a continuación los cinco errores de escucha más comunes, según ha destacado INC en un artículo publicado en 2016, y saber cómo resolverlos nos puede ahorrar tiempo, problemas y confusiones evitables.
1. Interrumpir.
A veces las personas tendemos a terminar la frase de otras porque sabemos (o pensamos que sabemos) lo que va a decir. Sin embargo, la interrupción envía una señal sutil de que no se respeta al hablante, de que no es importante gastar el tiempo en escuchar todo lo que tiene que decir. Por tanto, es importante esperar a que el otro interlocutor termine su exposición, aunque, finalmente, acabe diciendo todo aquello que pensábamos que diría.
2. Impaciencia o aburrimiento.
El 90% de la comunicación es no verbal, así que cuando uno se toca el pie, mirando al espacio o exhibe otros indicios silenciosos que indican distracción, impaciencia o aburrimiento, se está enviando señales de que no se está escuchando lo que se está diciendo. En su lugar, existen gestos dentro del lenguaje corporal que muestran que uno se encuentra involucrado, interesado y a la escucha, como inclinarse levemente hacia el interlocutor que está hablando, mantener un contacto visual con él y asentir con la cabeza.
3. Pensar en lo que se va a decir, cuando le llegue el turno de respuesta.
Es importante pensar qué se quiere decir para que el mensaje llegue claro y conciso a la otra persona, sin embargo, hacerlo mientras la otra persona está hablando denota falta de interés en lo que dice.
4. Juzgar lo que se está escuchando, antes de que la explicación finalice, o lo que se cree que se va a oír.
Esto, implica saltar a una conclusión previa antes de escuchar el mensaje completo. Evaluar prematuramente los mensajes obstaculiza su capacidad de escuchar, por lo tanto, hay que tratar de no filtrar los mensajes a través de su propio punto de vista y recordar que hay que escuchar primero y opinar después.
5. Suponer que lo comprende totalmente.
A menudo pensamos que hemos captado la esencia de lo que la otra persona nos quería transmitir, sin embargo, si al trasladarle la idea de nuevo al otro interlocutor comprobamos que hace gestos faciales de sorpresa o disconformidad, es que probablemente no hemos entendido correctamente lo que nos quería decir. Este problema puede tener su origen en una mala transmisión del mensaje de la otra persona o porque hemos presupuesto ideas de antemano (a menudo, puede darse ambos casos simultáneamente). Por ello, es importante parafrasear la idea principal para del otro interlocutor para comprobar que ambos se encuentra en la misma línea del mensaje.
En la Escuela de Codesarrollo desarrollamos el programa Aprendamos a escuchar para ayudar a las personas a potenciar la escucha activa. En este programa, aprenderás a diferenciar el fenómeno del Oír del Escuchar, y mejorar así la forma de comunicarnos con las demás personas en nuestro entorno.





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