La pandemia del Covid-19 ha despertado la necesidad en los facilitadores y docentes de encontrar nuevas formas de desarrollar a sus alumnos. En este nuevo contexto, las modalidades educativas a distancia, virtuales y en línea se presentan como opciones complementarias o incluso sustitutas de las clases presenciales. No obstante, es importante entender las diferencias entre cada una de ellas.
Educación a distancia.
En esta modalidad, los estudiantes tienen el control sobre el tiempo, el espacio y el ritmo del aprendizaje, sin necesidad de una conexión a internet. Los materiales utilizados pueden ser físicos, como cuadernos y libros, o multimedia a través de memorias USB o CD. El material puede entregarse de forma presencial, por correspondencia o correo electrónico, si es posible. La interacción y la retroalimentación entre el facilitador y el participante se llevan a cabo mediante llamadas, correo o mensajes de texto.
Educación virtual.
En la modalidad virtual, es necesario contar con una conexión a internet, ya que el contacto con el profesor se realiza a través de una plataforma multimedia. En esta plataforma, los participantes tienen acceso a diversos materiales, como documentos, presentaciones en diapositivas, audios y videos. Una de las características principales de la educación virtual es que no es necesario que los docentes y los estudiantes coincidan en el horario, es decir, es asincrónica.
Por lo general, las plataformas utilizadas en esta modalidad incluyen un foro en el que los alumnos pueden expresar sus dudas o inquietudes. Además, el profesor establece una fecha límite para la entrega de las actividades asignadas. Al revisar y evaluar estas actividades, el profesor proporciona retroalimentación a los estudiantes, quienes pueden consultarla posteriormente para verificar sus avances y áreas de mejora.
Educación en línea.
La modalidad sincrónica en la educación virtual ofrece numerosas ventajas adicionales. En este formato, tanto el profesor como los alumnos se conectan en un horario específico, lo que permite la interacción en tiempo real. Utilizando plataformas que admiten videollamadas, las clases se llevan a cabo en vivo, lo que brinda la oportunidad de implementar diversas técnicas de enseñanza, como debates y foros. Además, la posibilidad de resolver dudas y recibir retroalimentación de manera inmediata es otro beneficio importante.
Otro aspecto positivo de este enfoque es la capacidad de grabar las videoclases y archivar los materiales de estudio. Esto permite a los estudiantes acceder a ellos en caso de que no puedan asistir a una clase en particular. De esta manera, se brinda la oportunidad de revisar el contenido y mantenerse actualizado, incluso si se ha perdido una sesión.
Como hemos observado, existen ciertas características que estas modalidades comparten entre sí; sin embargo, también podemos apreciar notorias diferencias entre ellas. Cada modalidad presenta tanto ventajas como desventajas, por lo que queda a discreción de cada participante evaluar cuál de ellas se adapta de manera más precisa a sus propias características y necesidades individuales de formación.





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