El poder de las emociones

Antes de comenzar la lectura de este artículo, le insto a realizar el siguiente ejercicio. Por favor, tome lápiz y papel y proceda a elaborar una lista de todas las emociones que haya experimentado.

¿Cuáles emociones ha identificado en su lista? Es probable que haya incluido emociones tales como felicidad, tristeza, ansiedad, enojo, miedo, agradecimiento, confusión, relajación y estrés. Ahora, le sugiero dividir su lista en dos categorías: emociones positivas y emociones negativas.

Experimentar emociones, tanto positivas como negativas, es una parte natural de la condición humana. Si bien podríamos utilizar el término «negativas» para describir las emociones más desafiantes, esto no implica que sean malas o que debamos evitar sentirlas. No obstante, es comprensible que algunas personas prefieran experimentar emociones positivas en lugar de negativas. Es posible que usted prefiera sentirse feliz en lugar de triste, o confiado en vez de inseguro.

En este punto, es importante considerar el equilibrio que debe existir entre nuestras emociones, es decir, el nivel de cada tipo de emoción, ya sea positiva o negativa, que experimentamos a lo largo de nuestra vida.

Cómo nos ayudan las emociones negativas.

La función principal de las emociones negativas es alertarnos sobre amenazas o desafíos que debemos enfrentar. Por ejemplo, el miedo puede avisarnos de posibles peligros, señalando la necesidad de protegernos. Los sentimientos de ira nos indican que alguien está invadiendo nuestro espacio, cruzando límites o abusando de nuestra confianza. Por otro lado, la molestia puede ser una señal de que debemos actuar para defendernos.

Las emociones negativas dirigen nuestra atención hacia problemas que exigen nuestra conciencia. Nos permiten detectar un problema y tomar las medidas necesarias. Sin embargo, un exceso de emociones negativas puede provocar sensaciones de agobio, ansiedad, agotamiento o estrés. Cuando las emociones negativas se desequilibran, los problemas pueden parecer demasiado complejos para poder abordarlos.

Cuanto más nos centremos en las emociones negativas, más negatividad experimentaremos. Si nos obsesionamos con la negatividad, esta solo crecerá más fuerte.

Cómo nos ayudan las emociones positivas.

Las investigaciones en el ámbito de las emociones han arrojado luz sobre el profundo impacto de las emociones positivas en nuestras facultades mentales y nuestro bienestar general. A diferencia de sus contrapartes negativas, las emociones positivas no constriñen nuestra mente; en cambio, se ha descubierto que estimulan y mejoran funciones cognitivas como la conciencia, la atención y la memoria. Este estado mental elevado facilita una mayor absorción de información, la contemplación simultánea de múltiples ideas y una comprensión más profunda de las conexiones entre distintos conceptos.

Además, cuando las emociones positivas nos abren a nuevas posibilidades, nuestra capacidad de aprendizaje y mejora de habilidades se expande. Como resultado, nuestro desempeño en tareas diarias y las interacciones con los demás se ve considerablemente mejorado. Las personas que experimentan un flujo regular de emociones positivas en su vida diaria tienden a ser más felices, más saludables, aprenden mejor y son habilidosos en fomentar relaciones armoniosas.

Los avances recientes en neurociencia han contribuido en gran medida a nuestra comprensión del inmenso valor de las emociones positivas. Científicos y expertos han obtenido conocimientos valiosos a partir de estudios exhaustivos sobre la función cerebral. Entre los descubrimientos más destacados se encuentran dos hallazgos significativos que nos ayudan a aprovechar el poder de las emociones positivas de manera efectiva:

1. Dejar que las emociones positivas sean más que las negativas.

Cuando experimentamos un mayor número de emociones positivas en comparación con las negativas, las situaciones difíciles se vuelven más manejables. Las emociones positivas fortalecen nuestra capacidad de adaptación, proporcionándonos los recursos emocionales necesarios para enfrentar diversas situaciones. Además, amplían nuestra conciencia, permitiéndonos tener una visión más amplia de las opciones disponibles para resolver problemas.

Los estudios demuestran que las personas se sienten mejor y dan lo mejor de sí mismas cuando tienen al menos tres veces más emociones positivas que negativas. Esto se debe a algo que se llama «sesgo negativo».

El sesgo negativo es una inclinación natural a prestar mayor atención a las emociones negativas que a las positivas. Si reflexionamos sobre ello, resulta comprensible: las emociones negativas nos alertan sobre problemas y nos impulsan a enfrentarlos con prontitud. Prestar atención a las emociones negativas puede considerarse un mecanismo de supervivencia.

Sin embargo, este sesgo negativo tiene una desventaja: puede llevarnos a pensar que un día ha sido negativo, aunque hayamos experimentado la misma cantidad de emociones positivas que negativas. Para equilibrar dicha percepción, se requiere experimentar al menos tres veces más emociones positivas, de manera que podamos considerar que ese día ha sido realmente maravilloso.

2. Poner en práctica una actitud positiva todos los días.

Generar hábitos que fomenten la experimentación de emociones positivas puede contribuir a mejorar nuestra felicidad, aumentar nuestro rendimiento y disminuir nuestras emociones negativas. La generación de emociones positivas adquiere una importancia relevante cuando ya estamos lidiando con una gran cantidad de sentimientos negativos, tales como el miedo, la tristeza, la ira, la frustración o el estrés.

Generar un hábito positivo diario es bastante sencillo. Se reduce a dos pasos básicos:

  1. Detectar y Nombrar Tus Emociones Positivas: Comienza por enfocarte en tus sentimientos. Puedes conectarte con tus emociones en tiempo real a medida que ocurren, o reflexionar sobre ellas al final del día, reconociendo cómo te sentiste en diferentes situaciones. Por ejemplo, puedes sentirte orgulloso cuando completas exitosamente un proyecto o una tarea en el trabajo, alegre cuando recibes una llamada de un amigo que hace tiempo no ves, o amado cuando tu pareja te invita a salir a comer. Al empezar esta práctica por primera vez, es posible que necesites recordarte a ti mismo que te enfoques en tus emociones. Sin embargo, al igual que con cualquier hábito, se volverá más fácil cuanto más lo hagas.
  2. Escoger una Emoción y Tomar Medidas para Potenciarla: Supongamos que eliges la confianza: ¿Qué cosas te ayudan a sentirte confiado? ¿Cómo puedes tomar medidas para aumentar ese sentimiento? Tal vez puedas repetirte a ti mismo «Puedo hacerlo» antes de enfrentar un desafío o una nueva responsabilidad laboral. O quizás necesites erguirte y caminar con confianza, sintiéndote fuerte y empoderado.

Las emociones positivas te proporcionan bienestar y tienen beneficios para ti. Es importante prestar atención a estas poderosas herramientas y dedicar tiempo a ellas en tu rutina diaria. Siempre es crucial reservar un momento en tu día para divertirte, entretenerte, cultivar amistades, relajarte, mostrar gratitud y practicar la amabilidad. Establecer estos hábitos te permitirá experimentar una mayor felicidad de manera positiva.

Un comentario

  1. Todos tenemos la posibilidad de transformar nuestra emociones en la fuerza vital que necesitamos para avanzar. Gracias por esta publicacion.

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